Hace un par de meses me invitaron a unas charlas de publicidad para gente del gremio. Aunque debería hacerlo más a menudo, no voy a todas las que me gustaría. O bien por horarios o por no encontrar la forma de clonarme para hacer todo lo que quisiera. El caso es que en esta ocasión me apunté.

Entre cerveza y cerveza -un par de cañas hacen que se caigan muchas máscaras-, la sensación que obtuve más allá del reparto de tarjetas, móviles, linkedines y portfolios fue la de encontrarme con muchísima gente con más interés en contarte sus problemas y dudas que en consolidar relaciones laborales. Personas que, independientemente de su éxito como “jefes de sí mism@s” o con miras a montárselo por su cuenta, parecían sentirse bastante solas al no poder compartir las clásicas dudas legales, los problemas técnicos y, sobre todo, las inseguridades que aparecen cuando comienzas y que nadie de su entorno “normal” sabe resolver.

Trabajar delante de una pantalla suele ser una actividad muy solitaria, y si lo haces como freelance y sin socios de por medio, aún más. Papeleos, pagos, gestiones, mailing… En mi caso, una gran parte de la jornada laboral tiene poco que ver con “diseñar” o “ilustrar” y no todos los días tengo la misma fortaleza para lidiar con los marrones que van surgiendo a lo largo de la semana. Yo mismo he echado en falta el contacto humano que existe en un estudio o agencia (incluidas las peleas a cuchillo por el único boli azul de la oficina ;-D), la espontaneidad del feedback que te aporta un grupo de trabajo o, simplemente, que te pregunten cómo te ha ido el finde.

Hoy, y un poco como homenaje a la cantidad de horas que he pasado delante de la pantalla, os dejo un par de consejos que procuro aplicarme en cuanto me veo algo perdido:

-Cerrado significa cerrado.

Las horas extra son necesarias en ocasiones, pero es muy importante respetar los tiempos de descanso. Y ojo que eso funciona en ambos sentidos: si te planteaste trabajar de lunes a viernes y acabas trabajando fines de semana de manera habitual, es porque no has sido lo suficientemente productivo entre semana. Sé honesto contigo mismo y con tu capacidad de trabajo.

-Son las personas las que construyen las relaciones laborales.

Hay ciertos trabajos donde, por su naturaleza, es fácil entrar en un estado de aislamiento. Las redes sociales y los foros especializados se han convertido en la vía de contacto por excelencia, pero no dejan de ser un sustitutivo o una forma de mantener una conexión ya consolidada. Siempre que puedas, “oblígate” a interactuar físicamente con otras personas en tu misma situación. Tal y como he comentado al principio del artículo, cualquier evento profesional organizado por tu gremio es una buena excusa.

Trabajar delante de una pantalla suele ser una actividad muy solitaria, y si lo haces como freelance y sin socios de por medio, aún más. Papeleos, pagos, gestiones, mailing…

¿Oficina o coworking?:

Son una buena opción para separar tu vida personal de la profesional. Hay que saber que un centro de coworking no es lo mismo que un complejo de mini-oficinas (por mucho tengan la etiqueta de coworking por motivos comerciales) y que, según tu situación, puede interesarte más una opción que otra. En cualquier caso, tenlas en cuenta.

-Rompe la mañana. Rompe la semana.

Resérvate un rato para ti y baja a desayunar, visita a un cliente, date una vuelta… ¡y hazte un par de cañas los viernes con alguien! La fauna de los bares suele ser muy inspiradora. ;))

-Y lo más importante: Haz.

Aplicarse a sí mismo cualquier consejo es lo más difícil, así que he dejado para el final el más simple y el más importante: por encima de cualquier cosa, HAZ.

Levantar a solas tu propio negocio implica que todas las responsabilidades recaerán sobre ti, y mientras no puedas delegar funciones en empleados, tu forma de vida te obligará a convertirte en Superman o Wonderwoman. Alguien que no enferma, lo tiene todo bajo control, pero que al final, se encuentra subiendo una montaña a solas. Y eso acaba traduciéndose en presión.

Esa presión que cargamos tiene mucho que ver con las pequeñas culpabilidades que suponen no mantener el nivel los siete días de la semana: la culpa de no cumplir con los objetivos marcados, de no ser lo suficientemente disciplinado, no organizarnos bien, distraernos con facilidad, (ya bien sea con algún problema personal o sencillamente, con una mota de polvo flotando que pasaba por ahí. Dejaré el tema de la productividad y de la procrastinación en otro momento, que tiene sustancia).

No tiene sentido castigarnos con la culpa y es muy fácil caer en la autocompasión. Piensa que cualquier problema puede descomponerse en pequeños actos más fáciles de llevar. Aprende a desenredar la maraña con paciencia y solucionar “engorros” punto por punto. Al final, todo consiste en HACER. Podría ser un mail, revisar presupuestos, rehacer el portfolio, los textos de un anuncio, una maquetación engorrosa… un “lo-que-sea”. Pero HAZLA. Hay trabajos y tareas que, por diversos motivos acaban enquistándose y parecen no acabar nunca. Intenta salir “fuera de ti mismo” y ver las cosas desde el punto más objetivo que puedas. Y cuidado, que nadie ha dicho que sea fácil. De hecho, contra más saturado estás y más cosas tengas en la cabeza, más difícil se hace. ¿Como abordarlo entonces? Dejando de pensar.

Antes de que te taladres la cabeza con una broca para madera (una solución efectiva, pero poco recomendable), deja que me explique: puede sonar simple, pero muchas veces nuestro cerebro trabaja mejor cuando estamos haciendo algo de manera activa sin que tenga que ver directamente con dicho problema: hacer deporte de manera regular, comer sano, un paseo, una charla, o tener una visión completamente desenfadada de las cosas -no concibo la vida sin humor-  son CLAVE para ver las cosas desde otro punto de vista y no perder la salud mental. 

Me dejo deliberadamente alguna cosa en el tintero para otra ocasión. Espero que, tanto si ya trabajas por tu cuenta o vas a dar el salto, te haya servido este pequeño artículo.

Román Plaza.